Hace unos días se producía un virulento incendio, de noche, en una casa de la emblemática plaza de Calixto III –de la Seu- del casco antiguo de Xàtiva. Gracias a la efectiva intervención de los bomberos, el fuego pudo ser sofocado, atajando el peligro de extensión a las casas colindantes desde el piso superior, por la cercanía entre las vigas de madera y el posible material de cañizo bajo las tejas.
Extinguido el incendio los daños eran más que visibles. La gran claraboya del tejado quedó completamente destrozada. Las marcas negras del humo en la fachada en las ventanas del último piso, fueron repintadas por el ayuntamiento de Xàtiva -esta vez sí y apresuradamente, lo que no suele ser habitual- dada la inminente programación de actuaciones de la Fira d’agost en el escenario instalado en la plaza, tal vez para que las huellas, y las preguntas, no ensombrecieran el ambiente que se quería festivo.
No era en cambio festiva la situación para el único habitante de la vivienda, una persona mayor y con dificultades. El operativo de extinción del incendio comprobó el problema y peligro que suponía la excesiva acumulación de enseres, trastos y otros materiales en caso de un rebrote del incendio, que lamentablemente se dio a las pocas horas, aunque afortunadamente sin consecuencias, siendo rápidamente apagado.
El ayuntamiento procedió a precintar la entrada de la vivienda y en los sucesivos días la puerta apareció abierta en varias ocasiones, aunque se volviera a cerrar, según denunció la Asociación Vecinal “Casc Antic, Digne i Viu”, que solicitaba la intervención de los servicios sociales, puesto que la persona residente no podía volver a vivir allí en esas condiciones. Se respondía desde el ayuntamiento que desde el primer momento se le había ofrecido el punto social de la calle Engai como refugio de urgencia y se habían realizado los trámites pertinentes para que obtuviera un recurso del Institut Valencià de Serveis Socials (IVASS) de la Generalitat, aunque a la asociación le llegó información sobre que llegó a dormir varios días en un banco en la calle y que finalmente parece que pudo ingresar en una residencia.
Gran parte de la población del casco antiguo es mayor y conforme va cumpliendo años, por desgracia, sus condiciones físicas y en muchos casos cognitivas, se van deteriorando en un entorno que se puede calificar de “hostil”, sin ya casi vecindario que pueda ayudar y desaparecidos la mayoría de servicios básicos y necesarios de proximidad, públicos y privados. La dejadez y el abandono en esta parte de la ciudad de Xàtiva no pueden ser la respuesta ni del ayuntamiento, ni de la sociedad setabense, a quienes decidieron -o no tenían otra-, mantener con vida el casco antiguo. Lucharon mientras pudieron para conservar las casas, incluso con batallas familiares, perdidas cuando los acontecimientos, como la vida misma, se precipitaron. “A lo vell, foc en ell” les espetaban. Y se hicieron mayores en aquella histórica ciudad venida a menos, cuyo antiguo corazón habían aprendido a querer desde su infancia, sin llegar a comprender como era posible que las casas, que guardaban un legado familiar y ciudadano, en algunos casos ilustre, fueran derribadas y abandonadas a su suerte. Envejecieron en aquellas entrañables plazas y calles –ahora olvidadas- comprobando con tristeza, que hacer frente a una restauración de tejado moruno o pagar astronómicos impuestos multiplicados por metros, considerando aquellos que los exigían a la persona propietaria, sin discriminar, como millonaria, pese al deterioro y la falta de ayuda para rehabilitar, era una tarea titánica para quien recibía, con unos devaluados ingresos, una casi siempre, escuálida herencia. Y así era cada vez más difícil vivir, haciéndose mayor, en el casco antiguo de Xàtiva…hasta que no fue posible.
Antonio Martín Llinares
Publicat el 29.08.2026 en l'edició comarcal de Levante-EMV de La Costera-La Canal de Navarrés-La Vall d'Albaida
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