Hace unos días se
presentó públicamente la asociación “Casc Antic, Digne i Viu” de Xàtiva, que venía
ejerciendo algunos años como plataforma cívica, denunciando la situación de
precariedad y abandono de este valioso espacio de la ciudad y especialmente el
grave problema de la red de agua potable y de saneamiento municipal.
Despertó interés la
presentación, con gran asistencia de público, la ausencia de representantes del
gobierno municipal y la presencia de los de la oposición, algo que
lamentablemente viene siendo habitual en las iniciativas ciudadanas, no
vinculadas ni tuteladas por partidos políticos, de reivindicación del centro
histórico de Xàtiva. Suele suceder que los candidatos y candidatas a la
alcaldía llenan sus discursos electorales de soflamas vacías sobre la
recuperación del casco antiguo, firmando manifiestos con fotos, y luego cuando
llegan al gobierno municipal lo prometido no se cumple y, a la inversa, cuando
se pasa del gobierno municipal a la oposición.
El nacimiento de esta
asociación se podría enmarcar en un movimiento cívico, que se ha acelerado en
los últimos años en muchas ciudades históricas españolas, marcando un punto de
inflexión en la situación de desamparo en la que se ven los habitantes de los
olvidados cascos antiguos, sin que la administración local, la principal
responsable, adopte medidas efectivas para solucionar los graves, estancados y
crecientes problemas de la vida cotidiana en estos espacios, que son el corazón
histórico de estas ciudades y no se pueden entender sin ellos, ni hubiera sido
posible su crecimiento y expansión.
Es esperanzadora para
el centro histórico de Xàtiva la demanda vecinal que ya comienza a estar
organizada, con el creciente apoyo de personas que no viven allí pero que se
muestran preocupadas, valoran y quieren una notoria mejora de su situación
después de décadas de abandono y desinterés de los distintos equipos de
gobierno municipal, continuando los problemas que sufre de despoblamiento
y nulo fomento para que la
gente vuelva a habitarlo, dificultad de la vida de las personas mayores, tráfico
infernal y suciedad, movilidad, seguridad, cierre de comercios y servicios, deterioro
del patrimonio histórico, problemas
de convivencia derivados de la saturación incontrolada en la actividad de los
locales de ocio, drogadicción y conductas incívicas, que siguen latentes y sin
una posible solución a la vista.
Hasta ahora la voz y
la opinión del poco vecindario que resiste heroicamente, tratando de vivir en
el segundo centro histórico más extenso e importante de la Comunitat
Valenciana, asediados por una degradación progresiva y consentida, apenas se ha
podido escuchar. Se ha optado reiteradamente por no atender sus quejas en aras
de vergonzosos cálculos electorales por el número de potenciales votantes, o de
intereses falsamente justificados en una actividad económica de unos pocos
particulares que no repercute, ni de lejos, en el conjunto general. Los
perjuicios, justificados como mal menor por la poca población afectada, son
siempre en detrimento suyo, pero recientes sentencias, que vienen a poner,
blanco sobre negro, esta flagrante falta de diligencia municipal en garantizar
la convivencia y el respeto, están comenzando a cambiar esta dinámica perversa.
Tras lustros de marginación y ninguneo, es la hora de las personas en el casco
antiguo de Xàtiva. Ha llegado
el tiempo de alzar la voz por parte del colectivo vecinal y de todas aquellas
personas orgullosas del corazón histórico setabense, de manera asociativa y
hasta las últimas consecuencias, para detener los excesos, los incumplimientos
siempre en contra de la parte más débil y la consciente e interesada inacción
de los políticos que gobiernan la ciudad. La nueva asociación puede pasar del
dicho al hecho. Aún no es tarde.
Antonio Martín
Llinares
Publicat en Levante-EMV el 15.02.2025



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