No se yo, no se yo, pero huele que apesta cuando desde
diferentes esquinas de pueblos y ciudades de nuestro país, se reparten
simbólicamente hostias como panes contra docentes implicados en la huelga por
una enseñanza mejor, necesariamente mejor, y eso significa meter en el saco a
equipos directivos, profesores, alumnos y familias enteras. Pero la derecha no
entiende de movilizaciones ni protestas en la calle. Ya lo dijo Fraga, que la
calle era suya y así la dejó cuando cruzó el umbral de la vida y allá arriba le
esperaban con las mismas armas que él utilizó contra los que pedían una calle
mejor. El desenlace lo ignoramos pero lo intuimos.
Dejaremos el tema de momento y hasta que haga falta
porque mucho se ha escrito ya del asunto y no hacemos sino reforzar la teoría
de la barbaridad de quienes piensan que madres y padres no consienten la huelga
más grande y potente que se ha visto en décadas. La consienten y la apoyan
porque la lucha es constante en quienes saben que el futuro de las niñas/niños
está en las manos de quienes salen a la calle cerrando los puños y abriendo las
manos. La solidaridad es un vaso de agua a medio llenar pero todo se andará en
positivo, y en estos días que las letras verán la luz sobre el blanco papel,
desconocemos el desenlace de quienes tienen la barra de contratar a su mujer en
la Diputación con plaza firmada a sus exigencias y aceptan de buen grado que el
caradura de Mazón aproveche las mañanas para bañarse en las cristalinas aguas
de la playa de Alicante y esperar tranquilamente la nómina mensual. Y
recuperando viejas y podridas costumbres, se contrata a la fallera mayor de
València ¿de asesora?. Zaplana, Zaplana que te comen el terreno.
Y les duele el cuerpo de reírse de los valencianos. Son
así de chulos y macarras creyéndose por encima, muy por encima, con escalones
de plata colocados a sus exigencias. ¿Esa es su democracia?¿Es ese el país que
se quiere?.
Y volvemos a la calle donde existe la vida, y allí, entre
calores prematuros, sillas de rueda, carros de compra y pacificando cada paso,
el “Casc Antic Digne i Viu” exige ser escuchado en cada esquina, y presenta sus
credenciales de vecinos hartos de que se le tome el pelo. No es nueva la
situación pero ahora han marcado una línea para romperla cuando haga falta.
Demasiados años de desprecio e ignorancia desde la primera a la última planta
de la Casa de la Ciutat. Los vecinos del centro histórico no son de segunda
sino que su interés es vivir en paz allí donde vive la historia. No sirven las
palabras bonitas sino los hechos patentes y latentes. “Digne i viu”. Esa es la
necesidad y la lucha para decir que ya está bien. Que cada palabra que salga de
los silencios respetuosos será una defensa de quienes habitan cada casa, cada
forma de entender la vida. Y los responsables municipales no pueden hacer oídos
sordos. No pueden cerrar los ojos a los impedimentos que existen. Es tiempo no
de esquivarlos sino de eliminarlos uno por uno, para conseguir un espacio en
común que nos haga más fuertes, solidarios (llenando el vaso del todo) y
orgullosos del espacio que es nuestro y donde vivimos. Y hay que hacerlo con
fuerza y tesón.
Soy un sentimental y recurro muchas veces al gran Miquel
Martí i Pol: “Plors i laments de que serveixen’ Gent que lluite es el que cal”.
Ese es el mensaje.
VICENT SORIANO
Publicat el 28.05.2026 en l'edició Comarcal de Levante-EMV de la Costera-La Canal de Navarrés-La Vall d'Albaida.


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